'Llamarse Olimpia': la historia detrás de la Ley Olimpia y la lucha contra la violencia digital
La activista explicó que la lucha ya no se limita al retiro de contenidos y llamó a las plataformas digitales a asumir responsabilidad frente a la violencia contra las mujeres.
- Redacción AN / MDS

Olimpia Coral Melo, activista y defensora de espacios digitales libres de violencia, habló en Aristegui en Vivo sobre ‘Llamarse Olimpia’, documental dirigido por Indira Cato que aborda su historia como sobreviviente de violencia sexual digital y el proceso que derivó en la creación y expansión de la llamada Ley Olimpia.
Melo señaló que participar en el documental implicó enfrentar sentimientos encontrados, debido a que volver a exponer públicamente una experiencia de violencia puede generar temor y nerviosismo. Explicó que, como sobreviviente de una agresión que ocurrió mediante una cámara, la sobreexposición pública y la difusión de contenido íntimo, volver a poner su historia bajo el escrutinio ciudadano representó un proceso difícil.
“Siempre vuelves a poner una y otra y otra vez tu historia al escrutinio ciudadano, justamente para tratar de evitar que otras personas lo vivan y al principio me dio muchos nervios, dio mucho miedo”, relató.
La activista indicó que, aunque todavía recibe mensajes de señalamiento, el documental también ha generado mensajes de conciencia y ha llegado a distintos espacios, desde hogares y barrios hasta instituciones donde espera que contribuya a generar una mayor comprensión sobre la violencia contra las mujeres.
Detalló que la producción ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos un premio en Francia, además de haber sido nominada a los premios Ariel. Destacó que alrededor de 90 por ciento del documental fue realizado por mujeres y agradeció a las integrantes del equipo, así como a su directora Indira Cato y a Chumbera Producciones.
“Como dije, no es algo que haya hecho yo sola, y con mucha esperanza de lo que podamos seguir haciendo. Es una lucha viva”, afirmó.
Melo participó en la entrevista desde Bangkok, Tailandia, donde se encuentra para intervenir en una actividad internacional relacionada con la Ley Olimpia y la lucha contra la violencia digital desde América Latina.
De una experiencia personal a una lucha colectiva
Olimpia Coral nació en Huauchinango, en la Sierra Norte de Puebla, donde creció y donde continúa viviendo su familia. Contó que cuando era joven tenía una relación de pareja en la que su novio le propuso hacer sexting, una práctica que entonces desconocía.
“Sin educación sexual, sin saber del consentimiento, jamás había escuchado nada de eso”, dijo. Señaló que durante mucho tiempo consideró que la grabación se había realizado con su consentimiento, pero que posteriormente, al analizar el concepto de consentimiento, comprendió que tampoco había existido un consentimiento real, autónomo, libre e independiente para realizarla.
El video comenzó a difundirse por WhatsApp y posteriormente llegó a Facebook y a otras redes sociales, hasta aparecer en páginas de internet de alcance mundial. La activista explicó que identificó su contenido en más de 12 sitios y que, en esos espacios, su nombre aparecía asociado al video sexual.
Recordó que durante ese periodo, al buscar su nombre en internet, lo primero que aparecía era el video, por lo que esa situación le permitió identificar que estaba atravesando una forma de violencia que en ese momento todavía no tenía un nombre reconocido por las autoridades: “Ahí me di cuenta que estaba yo pasando por una violencia que no tenía nombre”.
Señaló que cuando intentó denunciar recibió como respuesta que no existía un delito que perseguir y que debía regresar a su casa. El proceso posterior estuvo marcado por numerosos obstáculos y no fue rápido.
“Yo creo que eso fue la gran fuerza y esto es lo que cuento en el documental”, comentó, al recordar el respaldo que recibió de su familia, particularmente de su madre y su abuela.
Su madre le hizo saber que ella no tenía la culpa de lo ocurrido y que su cuerpo desnudo no constituía un crimen, lo que fue fundamental para enfrentarse a la violencia vivida.
El impacto de la exposición y la construcción de una identidad
La activista también habló sobre la relación que tenía con su propio nombre. Explicó que desde pequeña había sido objeto de burlas porque se llamaba Olimpia y que, tras la difusión del video, su nombre adquirió una exposición pública todavía mayor.
Al referirse al documental realizado por Indira Cato, sostuvo: “Por primera vez no se me retrató como la víctima eterna de llorar, y de ‘pobrecita’ y de minimizar y de hacer sentir compasión del lado de vernos otra vez desde el morbo”.
Melo destacó que la directora decidió no recurrir a imágenes que reprodujeran la hipersexualización asociada con el contenido que originó su caso. En cambio, el documental muestra los caminos hacia Huauchinango, la neblina, su casa y distintos lugares del bosque relacionados con momentos difíciles de su vida.
Contó que esos espacios están vinculados con las condiciones de ansiedad y depresión que experimentó durante el proceso y con los momentos en los que llegó a tener pensamientos suicidas.
“Cuando una vive este tipo de violencia, que aunque puedas hablar te quedas muda, [aún] cuando puedes ver te quedas ciega, aunque puedas oír te quedas sorda, porque crees que además tú tienes la culpa de esta violencia y lo peor es que te dicen que no existe”, relató.
Recordó que en aquel momento las autoridades cuestionaron que pudiera existir una violencia real cuando la agresión había ocurrido mediante medios digitales, por lo que se enfrentó a respuestas que reducían lo ocurrido a un fenómeno virtual y, por tanto, aparentemente carente de consecuencias reales.
La activista sostuvo que esa situación se convirtió en una lucha no sólo personal, sino colectiva y que que actualmente existen defensoras digitales en distintos países de América Latina que trabajan para enfrentar este tipo de violencia.
El papel de las plataformas
Olimpia Coral aseguró que el objetivo de esta lucha no debe limitarse a conseguir que los contenidos sean retirados una vez que ya fueron difundidos, sino avanzar hacia mecanismos que dificulten su publicación y circulación.
“No solamente luchamos para que se bajen los contenidos, sino que nosotras aspiramos a que no haya ni una sola posibilidad de subirlos”, afirmó.
En ese sentido, cuestionó el funcionamiento de las grandes plataformas tecnológicas y planteó que deben modificarse las condiciones que permiten la hipersexualización y cosificación de las mujeres, así como la monetización de contenidos obtenidos mediante violencia.
También señaló que la problemática debe abordarse como un asunto internacional y no únicamente como un problema de México o de América Latina.
Señaló que el 89.3 por ciento de las víctimas de violencia sexual digital son mujeres y más de 90 por ciento de los agresores son hombres. Aclaró que ello se explica mediante la existencia de patrones sociales asociados con la masculinidad que pueden contribuir a normalizar la violencia contra las mujeres.
“La violencia digital es real”, subrayó, al tiempo que comentó que la Ley Olimpia protege tanto a mujeres como a hombres, aunque la mayoría de las víctimas identificadas sean mujeres.
Además, destacó que la legislación que lleva su nombre, ya se ha extendido a otros países como Argentina y Panamá y que en otros países como Colombia, Chile, Guatemala y Honduras ya se discute o se plantea su discusión, por lo que la ONU ha reconocido la Ley Olimpia como un hito para América Latina.
“Esta lucha salió desde el sentir de las víctimas, no éramos abogadas, nos hicimos abogadas, no éramos psicólogas, nos hicimos psicólogas”, explicó.
Recordó que las integrantes del movimiento participaron directamente en la elaboración de la legislación, estudiaron las leyes existentes y desarrollaron propuestas de técnica jurídica y legislativa para llevarlas a los congresos. “Nosotras no inspiramos una ley, nosotras hicimos cada punto, cada coma”, afirmó.
Recordó que el proceso se produjo en medio de disputas políticas, obstáculos institucionales y presiones de distintos sectores, incluidas las plataformas que cuestionaban los efectos que una regulación de este tipo podría tener sobre la libertad de expresión.
Melo consideró que la Ley Olimpia no es una legislación definitiva y que todavía puede ser mejorada, pero destacó que representa un precedente por haber sido construida desde las experiencias de las víctimas y desde el territorio.
“Estamos luchando mucho para que también las plataformas se hagan responsables, porque no sólo es de las familias, de los usuarios, de las instituciones; también las plataformas digitales tienen que hacer mucho para contribuir”, señaló.
La activista explicó que la organización desarrolla herramientas para acompañar a quienes enfrentan violencia digital, como OlimpIA, una inteligencia artificial desarrollada en colaboración con AuraChat.Ai.
Dijo que quienes enfrenten este tipo de violencia pueden acudir a colectivas u organizaciones de confianza, así como consultar los canales de Ley Olimpia. También señaló que existe una guía disponible las 24 horas y en más de 30 idiomas, además de materiales para orientar a las personas sobre qué hacer ante casos de violencia digital.
Olimpia Coral agregó que trabajan en la elaboración de una cartilla de seguridad digital junto con la Secretaría de las Mujeres, con el objetivo de dar seguimiento a las necesidades relacionadas con la prevención y atención de este tipo de agresiones.
“Yo no sé si la Ley Olimpia alcance para darnos la justicia por parte del Estado que todas y todos merecemos, pero lo que sí sé es que no es nuestra culpa”, afirmó. Y concluyó: “Cuando cambiamos el miedo de bando, las cosas realmente realmente cambian para nosotras”.











