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“El cine permite un diálogo profundo porque habla al intelecto y a la entraña”: David Pablos

El realizador mexicano estrena en salas ‘En el camino’, un thriller que transcurre en el mundo de los traileros.

  • Redacción AN / HG
10 Jun, 2026 08:27
“El cine permite un diálogo profundo porque habla al intelecto y a la entraña”: David Pablos

Por Héctor González

Tras ganar el premio a mejor película de la sección Horizontes del Festival de Venecia, dedicada a las nuevas vanguardias, llega a las salas mexicanas En el camino, la nueva película del realizador David Pablos.

Ubicada en el mundo de los traileros, la historia cuenta el encuentro y el romance entre Veneno (Víctor Prieto), un joven vagabundo que se prostituye en las peligrosas carreteras del norte mexicano, y el duro camionero Muñeco (Osvaldo Sánchez). Ambos deberán sortear los riesgos que implica recorrer la carretera en un país donde la violencia está normalizada.

¿Por qué acercarte al universo de los traileros y las carreteras?

Me atrapa la vida nómada, la noción que tienen del oficio como un llamado de vida. Sienten mucho orgullo por su trabajo pese a las condiciones adversas. La idea de estar en la carretera, convivir con la soledad y transitar el país, tiene algo bello y poderoso. Hay otros ingredientes como las adicciones causadas por las condiciones de trabajo extremas y la inseguridad, que me asomaron a un mundo muy interesante. Quería abordar la normalización de la violencia y el mundo trailero me pareció un gran escenario.

Como parte de este mundo das mucho peso a las cachimbas.

Las cachimbas son los restaurantes de carretera y son espacios muy interesantes. Están abiertos 24 horas al día, todas las semanas. Las cachimberas son casi terapeutas. Todo eso me pareció fascinante y lo que hice fue bordarlo en una historia que habla de la relación entre dos hombres: Veneno y Muñeco.

Y esta historia subvierte al que se considera un mundo muy masculino y macho.

Sí, mis actores recibieron el guion con mucha apertura. Conectaron con la lectura y los personajes. No analizaron tanto el contexto, sino el mundo interno del personaje. En el caso concreto de Oswaldo (Muñeco), algo fundamental para él fue haber podido asomarse a la carretera e irse con traileros, aprender a manejar uno de estos vehículos, sentir la carretera de noche, etcétera.

En tus películas, percibo cada vez más, un interés por los géneros cinematográficos…

El género es algo que me está interesando mucho abordar. Quiero hacer terror y seguir jugando con el thriller. En el camino me la planteé como una película que se escribiera casi sola. Nunca me propuse ponerle un género, aunque sí había una conciencia de que cuando surgiera, explorarlo. Me permití transitar los distintos géneros que surgieron naturalmente. Hay quien la ha catalogado como neo western queer y esa es una definición que me encanta, aunque no la busqué.

¿Te preocupa que te encasillen como director que hace cine queer más allá de lo que son tus historias?

Hay temas que me interesan y que seguiré abordando en mi filmografía. Ha sido casualidad que mis últimas dos películas hayan tenido temática LGBT. De hecho, mis próximos proyectos no tienen esta temática. Cada película me engancha por razones distintas. Me seguiré moviendo por distintas temáticas con libertad.

Hace un momento comentaste que dejaste que la película fuera lo que tenía que ser. ¿Qué tan abierto eres ante la espontaneidad y en particular, como ahora, cuando trabajas con actores no profesionales?

Muy abierto. Intento que lo que filmo esté vivo. Hay veces donde el ensayo lo es todo y las escenas se trabajan de manera puntual, en otras ocasiones hay más libertad para las acciones. Siempre les digo a mis actores que, si les es natural, sientan la libertad de cambiar el texto, pero no sus pautas. Esta película sí la diseñé de manera minuciosa, prácticamente se hizo contraguion, aunque hubo momentos donde sí les di más libertad para improvisar.

¿Entre La canción de los niños muertos y En el camino cómo te ves como director?

Cada proyecto trae un montón de aprendizaje y trae una reflexión sobre el oficio. De todos mis trabajos puedo criticar y celebrar cosas. Me gusta diseccionar mis películas y entender dónde están las fallas y aciertos, porque eso me permite articular de una manera más precisa la siguiente película. Me interesa buscar la precisión del tono y el ritmo. Veo mis películas con cariño y lo que más me gusta es que puedo ver el corazón de cada una. La canción de los niños muertos fue mi primer corto y le estoy agradecido porque me abrió puertas y me llevó a conocer a varios productores, y aunque tiene imperfecciones me gustan la entraña y la atmósfera que tiene. Creo que todas mis películas son una consecuencia de la anterior por eso En el camino tiene cosas de mis trabajos anteriores.

¿Tu forma de entender el cine ha cambiado?

En esencia es la misma, obviamente mi manera de aproximarme y llevar los procesos cambia. El cine es muy poderoso y permite un tipo de diálogo profundo que habla tanto al intelecto como la entraña. Algo muy interesante del cine es que pone al espectador en la cabeza del realizador, que a su vez presenta un modo.

Del realizador y de otras personas porque tal vez no al principio, pero ahora tienes que lidiar con la industria.

El cine es un monstruo que exige muchas cosas, por un lado, mantenerse fiel a uno mismo y por otro conciliar la parte presupuestal y la forma en que la película se empaqueta y vende. Afortunadamente para En el camino tuve mucha libertad creativa en parte porque tuve una producción que me permitió trabajar así, Diego Luna puso dinero, accedimos a fondos en Francia y México, todo eso ayudó a hacer una película cuidada. No pensé demasiado en las consecuencias durante la distribución y exhibición, me sorprendió por ejemplo que en Francia costara trabajo venderla por los desnudos. Aquí fue una grata sorpresa ver Cinépolis la tomara porque me dejó ver que hay una posibilidad para un cine menos convencional, aunque con un público más amplio de lo que se piensa.

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