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'El arte como puente para la conservación'

México no puede separar lo social de lo ambiental. La conservación debe incluir el aprovechamiento humano y la participación activa de las comunidades; los ecosistemas sociales son la clave para la incidencia real en la acción climática.

  • Redacción AN / AG
14 Feb, 2026 14:30
'El arte como puente para la conservación'
Fotos: Local.mx

El pasado 5 de febrero, se celebró un conversatorio entre Cristina Mittermeier, cofundadora de SeaLegacy, y Gabriela Gómez, cofundadora y directora de Fomares en el marco de la nueva exposición Levedad en el nuevo espacio Ébau de Proyectos Públicos.

Más que una exposición fotográfica, la intención de Fomares y Mittermeier fue impulsar un movimiento de conservación buscando abrir una conversación urgente sobre los retos ambientales contemporáneos y el papel del arte como herramienta de transformación.

El conversatorio profundizó en el papel de México en la conservación de mares y costas y en los retos y oportunidades que se presentan en la actualidad.

El panel, moderado por el subsecretario de Desarrollo Sostenible y Economía Circular de la Semarnat, José Luis Samaniego, reunió a líderes del sector empresarial, artístico y cultural de México, además de líderes de opinión y tomadores de decisiones. El panel se posicionó con el objetivo de explorar la narrativa fotográfica de Mittermeier como una herramienta estratégica para sensibilizar e impulsar esfuerzos de protección y sustentabilidad en el país, profundizando en el significado detrás de las fotografías y el poder del arte visual para proteger nuestra biodiversidad, además de usar su arte para atraer el interés de una audiencia que no está vinculada con la conservación.

Cristina menciona que su carrera profesional comenzó como científica, ya que se formó como bióloga marina, estudiando y publicando en Nature y Science; para después darse cuenta que poca gente lee los estudios científicos y que pronto son olvidados. Fue así cuando tuvo la oportunidad de trabajar con Lorenzo Zambrano, fundador de Cemex, quien publicaba libros en relación a la conservación, con fotografías del mundo natural.

Cristina se dio cuenta de que las fotografías generaban una reacción muy distinta y mucho más interés en el público en general a diferencia de las publicaciones científicas. Las personas se atrevían a preguntar, a cuestionar y a sentir al observar las fotografías. Por otra parte, la ciencia se percibía como “un lenguaje de ceja alzada”, como lo describe Mittermeier. En ese momento, Cristina decidió ser fotógrafa.

Y, ¿por qué los océanos? Gabriela hizo énfasis en que el océano es el ecosistema más grande del planeta tierra , en realidad, un planeta azul, y que nosotros los humanos también somos seres azules al estar compuestos en más de 60% de agua. La vida en el planeta depende directamente de la salud de los mares, quienes producen oxígeno, regulan el clima, secuestran carbono y contiene millones de bacterias vitales para nuestra supervivencia, incluyendo el prochlorococcus; responsable del 50% del oxígeno que respiramos.

A pesar de reconocer la importancia de la ciencia que sostiene estos datos, la comunicación y el diálogo para impulsar medidas de protección para nuestros mares y costas suelen avanzar muy lento o incluso estancarse o convertirse en posturas que confrontan diferentes intereses.

Es por eso que Gabriela y Cristina deciden cambiar de estrategia para traducir la importancia de los mares: a través del lenguaje universal que es el arte, y una plataforma que invita a sostener diálogos con diferentes actores.

La ONU decretó estos años como “la década de los mares”, con el compromiso internacional de proteger el 30% de la superficie terrestre y marina para 2030. Este compromiso, basado en el High Ambition Coalition, refleja soluciones basadas en la ciencia y en la naturaleza para proteger de manera efectiva los ecosistemas que sostienen la vida. Para ello, las Áreas Marinas Protegidas son de gran importancia, ya que permiten una regulación precisa de las actividades que suelen afectar a los mares. Para mitigar el cambio climático, se necesita ambición en México, porque nos encontramos lejos de cumplir con esa meta. Países más pequeños y con menos recursos han logrado proteger altos porcentajes de sus ecosistemas.

Si bien otras medidas, como las áreas de prosperidad o las OMECs (Otras Medidas Efectivas de Conservación) son necesarias, también son complementarias a las AMP, es en este sentido es importante no verlas como instrumentos de sustitución a esta estrategia.

En México, ha habido contrario a los países comprometidos con la agenda 30×30 controversia en relación a las AMPs. Cristina y Fomares buscan impulsar AMPs que sean incluyentes, con la participación de comunidades costeras. Cristina, con su formación como científica, asegura que al crear un AMP de gran tamaño, como Revillagigedo, las especies se recuperan a tasas más veloces. La pesca se permite fuera de la reserva, donde las nuevas especies también convergen. El argumento de la industria pesquera que su pesca se reduce drásticamente con la creación de estas áreas simplemente no es cierto, sobre todo cuando los mares se regeneran rápidamente al darles espacios de descanso y protección.

Cristina habla de la esperanza ante los escenarios de incertidumbre y desesperación que se generan en el mundo. El 80% de las noticias que consumimos en relación al medio ambiente se generan en Estados Unidos, y es importante identificar también la agenda e intereses de dichos actores. Gabriela habla de una esperanza acompañada de acción, y cómo debemos aspirar a proteger nuestros arrecifes, bosques de mangle y otros ecosistemas marino costeros con políticas y ambición colectiva.

José Luis Samaniego abrió la pregunta: ¿cómo va la política ambiental en México? Gabriela comenta que México ha firmado y ratificado convenios importantes a nivel internacional, incluyendo el Tratado de Altamar que consiste en establecer AMP en zonas marinas fuera de la jurisdicción nacional de un país.

Por otra parte, México se ve sometido a presiones de minería submarina, un daño terrible y probablemente irreversible a los fondos marinos pero que aún así el país firmó el año pasado la moratoria en contra de estos ejercicios.

Cristina habló de que quiere susurrarle a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Quiere exponerle las maravillas de los mares y las inmensas formas en las que se puede protegerlos. Las dos mujeres más poderosas e influyentes en México, con el poder de cambiar el rumbo de la conservación marina en nuestro país.

Al finalizar el panel, se celebró una cena íntima con Cristina Mittermeier y actores clave de la conservación en México, abarcando distintas áreas de incidencia como el arte, la política, la comunicación y el sector privado. Las conversaciones giraron en torno a la ambición de políticas públicas y las distintas estrategias de conservación derivadas del arte. Cada actor, desde su trinchera, expresó sus áreas de interés en la conservación de los mares mexicanos, generando una línea de acción y colaboración transversal para mayor alcance en las estrategias y compromisos internacionales a los que México se integra.

Con la participación de actores distinguidos como Erika Hojel, José Luis Samaniego, Perla Alday, Julia Álvarez Icaza, Jack Remond, Pedro Álvarez Icaza, Emilio Aristegui, Mariana Arriaga, Érika Valencia y Guillermo Arriaga; se estableció una conversación en torno a los ejes estratégicos para la acción ambiental, abordando, entre muchos temas, el financiamiento y la brecha entre el entusiasmo político y el presupuesto real, alegando que “conservación sin dinero solo es conversación”.

A esto se añadió la complejidad administrativa, debido a que en México, los esquemas y cuadros establecidos dificultan el acceso a fondos internacionales. Se señaló la desconexión financiera que se observa entre los proyectos ambientales y la atención de altos funcionarios, y el diálogo giró en torno de la batalla por la atención. Los medios de comunicación buscan transmitir mensajes atractivos e inspiradores, ya que si no son apropiados por la ciudadanía, difícilmente se ejercerá presión para aumentar el presupuesto o democratizar la acción climática desde las acciones individuales y colectivas.

México no puede separar lo social de lo ambiental. La conservación debe incluir el aprovechamiento humano y la participación activa de las comunidades; los ecosistemas sociales son la clave para la incidencia real en la acción climática. La CDMX vive desconectada de la naturaleza, creando una barrera imaginaria que no reconoce su dependencia e interconexión a dichos sistemas. El cambio real recae en la incidencia política, donde cada sector debe llegar al Poder Ejecutivo con los intereses de conservación que México necesita para cumplir con sus compromisos y tratados internacionales antes de que sea demasiado tarde.

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