“Ya no veo las fronteras hacia fuera, sino hacia adentro”: Luis Humberto Crosthwaite
El escritor tijuanense celebra los 25 años de su novela ‘Idos de la mente’, con una edición conmemorativa.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Luis Humberto Crosthwaite (1964) necesitaba un cambio y se mudó a Xalapa. Uno de los autores que mejor han escrito sobre Tijuana, cambió de sede y dejó atrás la frontera. “Me encanta ver llover, además Tijuana se ha convertido en una ciudad muy cara”, dice.
Autor de títulos clave como El gran Pretender e Estrella de la calle sexta, recién publica una nueva edición de Idos de la mente (UANL), novela con la que asegura tiene una relación especial. Totalmente norteña, la obra transcurre a ritmo de acordeón para contar la historia de Ramón y Cornelio, dos músicos que en su camino hacia la fama se encuentran a personajes tan diversos como el ídolo José Alfredo y el mismísimo Dios con quien firman un pacto peculiar.
Recién publicas una edición por los 25 años de Idos de la mente, ¿qué relación tienes con la novela?
Sí, es su sexta edición desde que se publicó por primera vez en 2001. No debería decirlo y sin que lo sepan los demás, pero entre mis hijos es mi favorito. Es el libro que me ha traído más alegría. Muchos lectores han empatizado con esta novela loca y hacer esta edición de 25 aniversario es una forma de agradecerles. Creo que es una novela superviviente: salió en Joaquín Mortiz y en 2004 ya se había agotado; luego me enteré por estudiantes universitarios de Querétaro que circulaba en fotocopias. En 2010 Javier Cercas dijo que cómo era posible que un libro como Idos de la mente no se publicara en España, eso dio pie a que Tusquets la retomara. Poco después se hizo una traducción en inglés. Estuvo desaparecida un tiempo hasta que en 2020 comencé a regalar en pdf algunas de mis obras y comencé con esta. En 2024 la reeditó Random House y ahora por el impulso de Antonio Ramos en la Autónoma de Nuevo León vuelve a circular en una edición que me gusta mucho.
¿Le metiste mano al texto para esta edición de aniversario?
No. Invité a amigos escritores a que intervinieran la novela y a académicos que en su momento pusieron atención a la novela. Julián Herbert me dijo que tenía un montón de cosas sobre Idos de la mente e hizo una especie de guion. Así se formó una serie de bonus track muy interesante.
¿Qué te sorprendió de los agregados y las lecturas académicas alrededor de tu novela?
Las lecturas académicas siempre me han sorprendido, lo bueno es que nunca se ha hecho una lectura psicoanalítica porque me iría remal. Al final el lector común y corriente es el gran contribuyente de la novela, siempre me gusta escuchar sus comentarios. Todavía me sorprende que gente piense que está basada en hechos reales porque desde el principio quise deslindarme de eso.
Eres un escritor para quien la música es muy importante, ¿crees que la vigencia de la novela tiene relación con el auge de la música norteña?
Es una novela que se comunica con nuevos lectores por eso. Ahora esta música se escucha más en las calles que cuando la escribí. A mi me tocó una época en la que la música norteña sólo se escuchaba en el norte y hoy está presente en todo el país e incluso a nivel internacional. Sin embargo, para mí es la música de mi familia, la que mi mamá escuchaba en la cocina, en fin, me trae muchos recuerdos.
¿Cómo fue regresar al momento o la época en que la escribiste?
Sí, a estas alturas ya no tengo tan presente la historia, pero recuerdo que la escribí en distintos lugares. Una parte en la Ciudad de México, otra en Cuernavaca porque me prestaron un departamento. Ubico la geografía y mis emociones. Hace poco moví mis discos y casetes y encontré lo que oía entonces, Los relámpagos del norte, Cornelio Reyna, Los alegres de Terán y Los cadetes de Linares. Siempre me empapo de la música, así como me pasó con El último del show del elegante Joan, mientras la escribía escuchaba mucho a Joan Sebastian. La música me ayuda a meterme en la atmósfera.
¿Entre estos músicos quiénes te siguen acompañando?
Le sigo siendo fiel a Ramón Ayala. “Puño de tierra”, es casi un himno para mí. Los Tigres del Norte son muy importantes para mí, su canción “Un día a la vez”, para mi mamá era muy importante y ahora que tengo 64 años también es muy relevante para mí.
Después del retiro que tuviste del medio literario, ¿cómo te sientes ahora?, ¿crees que las generaciones más jóvenes te leen más?
No sé. Mi relación con la escritura se ha vuelto más intensa. Digamos que fue una relación amorosa en la que me separé muchos años de ella y esa ausencia sirvió para reconectar y regresar para ser pareja de nuevo. Me he encontrado con gente joven que considera que mis libros son relevantes, pero la realidad es que mi relación con el medio literario es lejana. Ahora terminé una novela y por fortuna tengo una buena relación con Penguin Random, pero hasta ahí. Por supuesto me gusta recorrer ferias del libro, cuando se puede, y presentarlo. Me suelo quedar con la mirada del público, pero tampoco lo tengo tan presente. Se que hay cariño porque así me lo manifiestan, pero no puedo llegar a ninguna conclusión.
¿Qué es la escritura para ti?
La escritura es una conexión con el pasado. Mi próxima novela es más nostálgica e introspectiva. Ya no veo las fronteras hacia fuera, sino hacia adentro. Mi visión sobre Tijuana ya no es la del jolgorio ni la que vive de noche, es la de una ciudad más infantil y que tiene que ver con mis recuerdos. Creo que es un paso natural en la evolución de cualquier persona. Llegas a cierta edad y tiendes a mirar hacia adentro, a recorrer lo que has hecho. Este es el momento en el que me encuentro, no solo como escritor sino como ser humano.
Esas miradas introspectivas muchas veces sacuden más…
Definitivamente, ahora la escritura tiene más poder sobre mí. Hoy puedo ver claramente que me estoy confesando. Desde luego sigue habiendo humor y música, pero también hay un tono más reflexivo.
¿Qué te ha dado mudarte a Xalapa?
Mi próxima novela se llama Caballo blanco el mundo. Es una novela muy tijuanense, pero que sólo pude haber escrito alejándome de la ciudad. Cada vez que uno se aleja tiende a pensar más en lo que ama. Así me pasa con mi madre, desde que la perdí en 2013, la tengo más presente, prácticamente la menciono todos los días.
¿Te sientes más tranquilo ahora?
La tranquilidad no se me da. Soy nervioso, sufro de ansiedad, simplemente estoy más relajado. Tengo una vista formidable de Xalapa en el lugar donde escribo. Me encanta ver llover sobre lo verde, me ayuda mucho y es parte de mi diario antidepresivo.






