Del paisaje idealizado a la memoria purépecha: El diálogo de los “diferentes Méxicos” en la Colección FEMSA | Artículo de Alberto Islas
La muestra “Constelaciones y derivas: arte de América Latina” no es una simple exhibición de obras maestras; es una radiografía estética y social.
- Alberto Islas

Por Alberto Islas
Monterrey, N.L. — Desde su inconfundible fachada de terracota y la imponente Paloma de Juan Soriano que resguarda su entrada, el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) se ha consolidado desde 1991 como un faro cultural ineludible. Nacido de la visión de dotar al norte del país de un espacio de clase mundial para el arte de nuestro tiempo, MARCO vuelve a ser el epicentro de una reflexión profunda sobre la identidad nacional al albergar una de las selecciones más audaces de la Colección FEMSA “Constelaciones y derivas: arte de América Latina”.
Esta muestra no es una simple exhibición de obras maestras; es una radiografía estética y social. La Colección FEMSA, reconocida como uno de los acervos corporativos más importantes de América Latina, despliega aquí un ritmo visual que narra la compleja trayectoria económica, social y cultural de México y de Latinoamérica. “Constelaciones y derivas: arte de América Latina” trasciende la mera contemplación para convertirse en un análisis crítico de las capas que conforman la región.
El choque de dos realidades
El recorrido curatorial propone un contraste fascinante y, por momentos, desgarrador. Por un lado, nos recibe la majestuosidad del Dr. Atl (Gerardo Murillo), cuyos paisajes bucólicos y telúricos contribuyeron a cimentar la idea de un México imponente, prístino y lleno de promesa a principios del siglo XX. Es el México de la contemplación pura y de la identidad nacida de la tierra, donde la naturaleza se percibe como una fuerza fundacional indomable.
En el extremo opuesto de esta línea temporal y conceptual, nos topamos con la crudeza del México contemporáneo a través de la obra de Miguel Fernández de Castro. Su trabajo nos arrastra hacia la frontera, un territorio marcado por la migración, las rutas del narcotráfico, la violencia sistémica y una profunda afectación ecológica. De la tierra idealizada del Dr. Atl pasamos a la tierra explotada, herida y transitada del presente, evidenciando las cicatrices del progreso y el abandono.
Salvador Xharicata (nacido en Cherán, Michoacán, en 1996) aporta una dimensión profundamente personal a este diálogo. De origen purépecha, pertenece a una generación a la que ya no se le enseñó el idioma para evitar la discriminación. Gran parte de su obra reflexiona sobre esta pérdida y utiliza el arte para recuperar y reapropiarse de la lengua materna, otorgándole peso político y de sanación a la memoria oral.
Su video “La lengua que trenza” y la emotiva instalación Nínt’ani – Volver a casa exploran este retorno a las raíces. La pieza consiste en construir una “troje” tradicional de madera con sillas marcadas con frases que, en conjunto, forman un poema. El audio, con la voz de la abuela, documenta un ritual para “llamar y rescatar el alma” de quien se ha perdido, estableciendo un puente auditivo con lo ancestral. Esta obra contrasta directamente con las representaciones coloniales de castas que se encuentran en la pared opuesta. Mediante la emotividad y la estética visual, esta iniciativa renueva el debate sobre la jerarquización social y la identidad, temas que siguen vigentes en México y en Latinoamérica. A medida que se recorren las salas, el espectador se sumerge en esta provocación tanto artística como social, donde también descubre a jóvenes artistas regiomontanos, como Ángel Cammen.
Una apuesta curatorial que abre los ojos
Lo verdaderamente admirable de esta exposición es la valentía y la frescura de su visión. Un equipo de curadores notablemente joven ha tomado las riendas de este vasto acervo de la Colección FEMSA para proponernos un ejercicio de introspección urgente. En lugar de presentar el arte como un escape, utilizan el ritmo estético de la colección para obligarnos a mirar nuestras fracturas y evoluciones.
Esta propuesta apuesta por un diálogo abierto entre los diferentes Méxicos de hoy y una Latinoamérica, también llena de contrastes . En un momento en que la polarización domina el discurso público, el museo se convierte en un espacio seguro para el encuentro y la reflexión comunitaria. La curaduría nos abre los ojos ante una oportunidad invaluable: utilizar el arte no solo para admirar la técnica, sino también para empezar, por fin, a mirarnos y reconocernos los unos a los otros en medio de nuestras contradicciones, buscando un sentido de pertenencia en la diversidad.

