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Cártel Jalisco Nueva Generación: La maquinaria que dominó el mapa criminal de México | Perfil

Mando central, producción sintética, redes políticas y control de economías locales permitió la expansión del CJNG pese a operativos y sanciones.

  • Redacción AN / KC
23 Feb, 2026 13:50
Cártel Jalisco Nueva Generación: La maquinaria que dominó el mapa criminal de México | Perfil

Por Karina Cancino

El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) pasó en poco más de una década de ser una facción surgida de una estructura regional debilitada a convertirse en una de las organizaciones criminales con mayor presencia territorial en México y fuera del país.

A día de hoy, es uno de los principales proveedores de metanfetamina y fentanilo hacia Estados Unidos, de acuerdo con evaluaciones públicas de la Administración para el Control de Drogas (DEA) y reportes del Departamento del Tesoro estadounidense.

Su origen se ubica en la fractura del Cártel del Milenio, grupo que operaba principalmente en Jalisco, Colima y Michoacán, y que mantenía alianzas con el Cártel de Sinaloa; entre 2009 y 2010, una serie de capturas y operativos alteró ese equilibrio.

En octubre de 2009 fue detenido Óscar Nava Valencia, identificado por la entonces Procuraduría General de la República (PGR) como uno de los principales líderes de esa organización.

En julio de 2010, Ignacio “Nacho” Coronel, operador relevante del Cártel de Sinaloa en la región, murió en un operativo militar en Zapopan, según confirmó la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Ambas situaciones desataron una disputa interna por rutas, laboratorios y plazas estratégicas en el occidente del país, y de esa ruptura surgió la facción encabezada por Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, identificado posteriormente por autoridades mexicanas y estadounidenses como líder del ahora Cártel Jalisco Nueva Generación.

Hacia 2011, el grupo ya operaba bajo esa denominación y comenzó a proyectarse públicamente como una nueva fuerza criminal en Jalisco.

El contexto nacional favoreció su expansión porque la estrategia federal contra el narcotráfico iniciada en 2006, de la mano del entonces presidente Felipe Calderón, debilitó estructuras tradicionales, pero también fragmentó a los cárteles en múltiples células.

Mientras algunos grupos se pulverizaron en disputas internas, el CJNG consolidó un mando central y desarrolló una estructura con células regionales coordinadas, lo que le permitió crecer sin fracturarse de inmediato.

El momento que impulsó su crecimiento fue apostar por las drogas sintéticas y de acuerdo con los informes anuales de la DEA sobre la amenaza de drogas, la metanfetamina producida en México comenzó a dominar el mercado estadounidense a partir de la década de 2010; así, el CJNG se posicionó como uno de los principales actores en esa cadena.

A diferencia de la cocaína, que el suministro depende de cultivos en Sudamérica, la metanfetamina y el fentanilo pueden producirse en laboratorios clandestinos, siempre que se garantice el ingreso de precursores químicos.

Para ello, el control o influencia en puertos del Pacífico como Manzanillo y Lázaro Cárdenas fue clave para asegurar el flujo de esos insumos.

Incluso existen informes del Departamento del Tesoro, a través de su Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), que han documentado redes empresariales y personas sancionadas por facilitar la adquisición de sustancias químicas para la organización.

Este modelo redujo debilidades y no dependía de temporadas de cosecha ni de alianzas con productores extranjeros, le permitía ajustar producción según demanda y mover laboratorios en caso de operativos.

Además, el margen de ganancia por kilogramo de metanfetamina o por pastillas de fentanilo superaba el de otras drogas tradicionales.

Sin embargo, el tráfico internacional fue solo uno de los pilares; investigaciones abiertas por la Fiscalía General de la República (FGR) y fiscalías estatales han documentado la diversificación de esquemas de extorsión, secuestro, robo de combustible o huachicol, minería ilegal y control de mercados agrícolas en distintas regiones.

En estados como Michoacán y Guanajuato, autoridades locales reportaron disputas vinculadas no solo al trasiego de drogas, sino al control de actividades productivas.

El cobro de “derecho de piso” a pequeños y medianos negocios genera ingresos constantes, lo que fortalece la liquidez del grupo incluso cuando se registraban decomisos relevantes.

Esta combinación, exportación de drogas sintéticas con control económico regional, otorgó al CJNG una base financiera más amplia que la de organizaciones dependientes casi exclusivamente del tráfico transfronterizo.

El flujo constante permitió financiar reclutamiento, pagar informantes, adquirir armamento y sostener enfrentamientos prolongados con rivales.

Entre 2013 y 2017, el grupo expandió su presencia hacia Veracruz, Guanajuato, Puebla, Baja California y la frontera norte; en varias de esas entidades las disputas coincidieron con incrementos significativos en los índices de homicidio, de acuerdo con cifras oficiales.

La capacidad armamentista fue otro elemento importante, ya que en distintos aseguramientos, la Defensa informó sobre fusiles de alto calibre, lanzagranadas y vehículos con blindaje artesanal utilizados por células vinculadas al CJNG.

Además de su capacidad operativa, autoridades mexicanas y estadounidenses han documentado procesos judiciales y sanciones administrativas contra operadores financieros y funcionarios locales en territorios donde el grupo consolidó presencia.

Información de la FGR y fiscalías estatales derivaron en detenciones de alcaldes, directores de policía y mandos municipales acusados de presunta colaboración con estructuras criminales en distintas entidades.

Aunque no todos los casos concluyeron en sentencia firme, los expedientes abiertos evidenciaron irregularidades en municipios estratégicos para la expansión del grupo.

Mientras tanto, el Departamento del Tesoro estadounidense identificó redes empresariales vinculadas al lavado de recursos, lo que confirmó que la organización no solo operaba como aparato armado, sino como estructura financiera que podía mantenerse en economías formales.

Hacia mediados de la década de 2020, evaluaciones oficiales coincidieron en que el CJNG mantenía presencia operativa en las 32 entidades federativas, aunque con distintos niveles de influencia.

De una escisión regional tras la caída del Cártel del Milenio, el CJNG se conviritió en un actor dominante dentro del mapa criminal mexicano.

La combinación de mando central, células regionales, producción sintética escalable, redes políticas y control de economías locales explica cómo el CJNG logró sostener su expansión durante más de una década, incluso frente a operativos federales y sanciones internacionales.

El consultor en seguridad David Saucedo ha señalado que el CJNG adoptó una estrategia de expansión territorial más agresiva que otros grupos criminales, buscando no solo controlar rutas de tráfico, sino dominar regiones completas.

Esa estrategia implicaba neutralizar a autoridades municipales, por intimidación o presunta colaboración, y asegurar control económico local para reducir el costo operativo de su presencia.

El 22 de febrero de 2026, Nemesio “El Mencho” Oseguera fue abatido, pero la red financiera, político y territorial que permitió la expansión del CJNG no desapareció con un disparo, y tal vez, lo que comienza ahora no es el fin de la organización, sino una nueva disputa por el poder criminal en México.