Saltar al contenido principal

La conservación del lobo mexicano, 'en la vida real'

Cuatro de los cinco lobos mexicanos que apenas en octubre pasado la Semarnat y Naturalia, A.C. liberaron en la Sierra de San Luis, Sonora, fueron muertos en el lapso de dos meses.

  • Redacción AN / AG
23 Oct, 2026 21:00
La conservación del lobo mexicano, 'en la vida real'

Por Óscar Moctezuma.
Director general de Naturalia, A.C.

Es probable que para estas alturas, muchos de los lectores de “Especies” y amigos o seguidores de Naturalia, ya estén enterados de la triste noticia de que cuatro de los cinco lobos mexicanos que apenas en octubre pasado la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y Naturalia, A.C. liberamos en la Sierra de San Luis, Sonora, fueron muertos en el lapso de dos meses. Este suceso se hizo público cuando se “filtró” en un diario antes de que la propia Semarnat lo diera a conocer.

El manejo de esta noticia generó reacciones de todo tipo, desde indiferencia por parte de aquellas personas a las que la conservación de la naturaleza no les interesa o no la comprenden, hasta indignación por la muerte de los lobos y también por la forma en que se manejó la comunicación relacionada con este acontecimiento. Se habló de “ocultamiento” de la información, argumentando motivos políticos o de otro tipo por parte de las autoridades de Semarnat, responsables del desarrollo de este proyecto del gobierno federal.

Algunas personas que elevaron la voz “enérgicamente” contra este supuesto ocultamiento de la información, se apresuraron a sacar conclusiones sobre los motivos detrás de esta falla y, de una manera muy ligera, que demuestra su desconocimiento de lo que implica recuperar “en la vida real” a una especie como el lobo, han “sentenciado” el fracaso del proyecto de recuperación de esta especie. Al leer muchas de esas expresiones, algunas de ellas provenientes de personas que dicen interesarse en la conservación de la fauna, me quedó la impresión de que estaban más indignados por el “ocultamiento” que por la muerte misma de los lobos y lo que eso representa en este esfuerzo por recuperar su especie en vida silvestre. A ratos, parecía que los “culpables” de la situación del lobo y de que estos ejemplares hubieran muerto, éramos la Semarnat y Naturalia, más que aquéllos que los mataron en forma deliberada.

Lo cierto es que la información sobre esta muerte sí se manejó mal, pero no con malas u “oscuras” intenciones, como se dijo.

Tras experimentar estos primeros meses de la etapa de reintroducción del lobo a la vida silvestre, he confirmado que este sí es el caso más complejo de recuperación de una especie en México, que padece las condiciones adversas que ya conocíamos y, ahora, adversidades que no anticipábamos.

El lobo mexicano está aferrado precariamente a una tenue esperanza por sobrevivir en México, que algunos mantenemos quizá, con un excesivo optimismo, pero que se enfrenta a una realidad que insiste en demostrarnos que, quizá, su destino está ya sellado con la extinción irremediable.

No sólo no existen sitios óptimos para que los lobos regresen a vivir en forma silvestre en México, sino que, en los sitios menos malos, los que seleccionamos con la esperanza de que ofrecieran un refugio a esta especie, ha sido muy difícil lograr las condiciones adecuadas para que estos y otros animales silvestres sobrevivan.

Cómo explicar entonces que tres de los lobos liberados fueron a morir dentro de los límites de un Área Natural “Protegida”, la Reserva de la Biosfera de Janos, Chihuahua, siendo además, una especie “protegida” por la ley ambiental de México, y que estos lobos murieron a causa de la ingestión de venenos, cuyo uso también está prohibido por ley. La respuesta es, que en el campo, “en la vida real”, no existe tal “protección” ni las limitantes que supuestamente impone la ley para que la gente pueda matar animales “protegidos”.

La mayoría de los mexicanos se imagina que cuando hablamos de “reservas ecológicas” o “Áreas Naturales Pro tegidas” (ANP), nos estamos refi riendo a sitios que pertenecen a la Nación y se encuentran vigilados y manejados adecuadamente por el gobierno mexicano. Nada más lejano a la realidad.

La tierra en todas las ANP cuenta con varios dueños (ejidos, comunidades o propietarios priva dos), a los que se impone una serie de restricciones al uso de la biodiversidad presente en sus propiedades, la cual, según la Constitución mexicana, es propiedad de todos los mexicanos. Pero lo cierto es que sin el control de la tierra, la vigilancia y protección a la biodiversidad que el gobierno mexicano puede ejercer en esas ANP es muy defi ciente y limitada, y depende en gran medida de la disposición de los dueños de los predios para cooperar y participar en su manejo.

La reintroducción del lobo al medio silvestre en México se ha topado, entre otros problemas, con la falta de una ANP adecuada para recibir (y proteger) a esa región de su territorio. Las tierras de ese extenso parque pertenecen a la nación americana (no a particulares) y han sido destinadas y manejadas efectivamente para supervivencia de la fl ora y la fauna, incluyendo a los lobos, cuya presencia tampoco fue bien recibida por los ganaderos aledaños al parque, quienes, sin embargo tuvieron que aguantarse, pues ellos no pueden decidir el destino de la fauna en esa verdadera reserva (la más antigua del mundo), creada para el disfrute y beneficio de todos los americanos.

En México es otra historia. Reintroducir al lobo requería lograr el apoyo y participación de los propietarios de la tierra de la región más al norte de la Sierra Madre Occidental, llamada Sierra de San Luis, quienes se dedican, en su mayoría, a la ganadería. Este sector se ha opuesto ancestralmente a la super vivencia de este carnívoro (no sólo en México, sino en todo el mundo), al que señalan como una especie dañina al ganado y una amenaza para su actividad. Toda esta postura proviene de los casos que se han dado de ataque de lobos al ganado (los cuales tienen una explicación muy lógica: la falta de presas silvestres también diezmadas por el hombre), que además han sido exagerados. Como prueba, está el hecho de que, en Arizona y Nuevo México, los lobos mexicanos liberados allá entre los años 1998 y 2003 (más de 50 individuos), mataron un total de 37 cabezas de ganado (entre vacas, toros y becerros), cantidad mínima que además fue compensada a los ganaderos que sufrieron ese impacto. Otra clara evidencia en nuestro país, es el hecho de que ninguno de los lobos que liberamos en octubre atacó al ganado, como tampoco lo ha hecho la hembra que aún sobrevive ahí.

En México, la mayoría de los ganaderos de la región donde se liberaron a los lobos se opone a su regreso, argumentando su temor a que afecten considerablemente su actividad. En respuesta, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) de la Semarnat, el gobierno del estado de Sonora y Naturalia, creamos apoyos económicos para ellos, que no sólo cubrirían cualquier posible daño que pudieran ocasionarle a su ganado, sino que de hecho, los beneficiarían aun más. Es decir, que los ganaderos saldrían ganando más con la presencia de los lobos que sin ella. Sin embargo, a pesar de esto, su postura de oposición al proyecto no ha cambiado, dificultando enormemente el desarrollo del proyecto a falta de una ANP real que ofrezca esperanza de supervivencia para estos magníficos animales.

Debo aclarar que no todos los propietarios y ganaderos se oponen al regreso del lobo, y alguno de ellos, en una actitud com prometida y acorde con los tiempos actuales, han brindado su apoyo a este proyecto. Pero los lobos no reconocen límites entre las propiedades, y se aventuran de igual forma en territorio de estos aliados como en el de los que los rechazan.

Para acabar de complicar las cosas, este es un proyecto extremadamente caro; y cómo no serlo si estamos remediando el daño que por siglos hemos hecho al lobo y a su hábitat. En congruencia con su mandato y la voluntad que hasta el mismo Presidente de México expresó tener para recuperar al lobo mexicano, la Semarnat debería cubrir todos los costos de este proyecto, pero nuevamente la realidad ha sido muy diferente. Naturalia ha tenido que poner una buena parte de los recursos requeridos, lo cual hemos hecho con gusto y decididos, como organización mexicana de conservación genuina. Lo que ha resultado sorprendente e inaceptable, es que también hemos tenido que “financiar” a la Semarnat con la parte que le corresponde aportar, pues la burocracia interna, la falta de compromiso de algunos de sus funcionarios y quién sabe que otros factores, han retrasado frecuentemente la disposición de los fondos para el proyecto, obligando a Naturalia a cubrir esa parte mientras terminan de llegar.

Estos son sólo algunos ejemplos de los elementos adversos que, “en la vida real”, hay que vencer para desarrollar este esfuerzo por tratar de evitar la definitiva extinción de una especie, que fue designada con el nombre del país que solía habitar, pero donde muchos no parecen dispuestos a permitirle vivir nuevamente.

Yo, personalmente, no quiero vivir en un mundo sin lobos y donde sólo las necesidades de las personas defi nan las especies que deben sobrevivir y cuáles no. Quiero que mi hija pueda conocer al lobo y a muchas otras especies como animales silvestres y no tan sólo en libros, museos o zoológicos. Lamentablemente, parece ser que mi deseo se pierde en la indiferencia, apatía o ambición de la mayoría. Quizá eso también sea parte de nuestra “evolución” como
especie y no logro comprenderlo.

Para Naturalia ha resultado toda una experiencia, que nos ha situado claramente en “la vida real”, el terreno donde se debe intentar la conservación de nuestro “patrimonio” natural. Lo alentador, en contraste, han sido las expresiones de apoyo y ofrecimientos de muchas personas aliadas, que sí comprenden que el camino a la recuperación del lobo en México no está
nada fácil y que están dispuestos a seguir recorriéndolo con Naturalia. A todos ellos les expreso mi más profundo agradecimiento. Seguiremos en este esfuerzo hasta que la realidad nos venza o el lobo recupere su lugar en el campo mexicano.

La Conanp nos ha confirmado que en el transcurso de las próximas semanas (y años), se liberarán más lobos en esta región y su disposición a seguir adelante con este proyecto, a pesar de este duro revés. Esas, al menos, sí parecen ser buenas noticias para el lobo.

Temas Relacionados