FICM 2023 | Todo el silencio: La belleza de la diversidad
Con una trayectoria que cuenta con más de 30 obras de teatro, el director Diego del Río debuta en el cine con una historia bilingüe que representa, a través del español y LSM, y como pocas veces en el cine mexicano, a la comunidad sorda.
- Redacción AN / SH

Por Arturo Magaña Arce
@arturhd
Miriam observa detenidamente. Sus ojos se entrecierran porque no está siendo capaz de decodificar todo lo que ocurre a su alrededor. Actriz de teatro y profesora de Lengua de Señas Mexicana (LSM), espera el momento en el que se le dé la señal de tomar el escenario e interpretar sus líneas. Pero solo percibe el silencio. Las voces a su alrededor se esfumaron de repente, dejándola en un sigilo estremecedor. Y ahí aparece un grito que la sacude desde dentro. Es su directora regañándola por no entrar a tiempo y obligarles a repetir, una vez más, el ensayo. Miriam se disculpa. No escuchó a su compañera. No ha escuchado mucho de lo que le ha ocurrido últimamente. El mundo parece irse quedando poco a poco en un silencio del que jamás podrá escapar.
Con una trayectoria en el teatro mexicano que suma, a la fecha, la realización de más de 30 puestas en escena, Diego del Río salta de las tablas a la silla de dirección con “Todo el silencio”, cinta que retrata las complejidades de una mujer que poco a poco va perdiendo el sentido de la audición y es forzada a descubrir las bondades de un mundo donde los sonidos se han materializado en señas que provienen del corazón.
Escrita por la galardonada guionista y cineasta Lucía Carreras –coescritora de “La jaula de oro” (2013) y directora de “Tamara y la Catarina” (2016)– “Todo el silencio” podría traducirse como “un duelo que se puede ver en paralelo como una muerte pero que, en realidad, se trata de un renacimiento”, como afirma la destacada actriz de cine y teatro Adriana Llabrés sobre el primer protagónico de su trayectoria. “Siento que los duelos vienen acompañados de ese claroscuro; de un umbral del que uno sale diferente y empieza a hacer y ver las cosas de una nueva manera”.
Aquí conocemos a Miriam, una profesora de Lengua de Señas Mexicana (LSM) y actriz de teatro que forma parte de las personas HOPS, término con el que se le conoce a los hijos oyentes de padres sordos. Esta vida suya, que la ha convertido en un puente entre el mundo de los sordos y los oyentes, de pronto, colapsa abruptamente cuando una otosclerosis que padece desde niña comienza a dejarla sorda. En esta transformación, que la obliga a pasar de “ser la que escucha” a comunicarse enteramente a través del LSM, se materializa en la relación que mantiene con su novia Lola, una mujer sorda oralizada –interpretada por Ludwika Paleta–, totalmente integrada al mundo de los oyentes… pero que se rehúsa a hablar mediante lengua de señas.
Silencios que se materializan con el corazón
“Yo estudié teatro, no cine”, afirma Diego del Río con una pequeña sonrisa traviesa, “y por eso abordé esta película como mi escuela. Quise descubrir cómo es que yo hago cine con esta película. Filmar Todo el silencio fue un proceso muy interesante de descubrir lo desconocido; sobre todo, con la cámara”.
Apoyándose en la dinámica que lo ha llevado a trabajar con los mejores artistas de la escena teatral en México, Diego encontró un punto en común entre los ensayos del teatro y la filmación de una película. Por ello, todas las escenas de su ópera prima fueron filmadas como planos secuencia, donde, con la cámara del cinefotógrafo Octavio Arauz (Los lobos), fue trazando una especie de ballet entre todos los actores en escena. Bajo la premisa de que “si se verifica la escena en el set, va a estar la escena en la película”, Diego trazó un viaje en el que pudo sentirse cómodo en el proceso de filmación y jugar con elementos propios del lenguaje cinematográfico, como el diseño sonoro, y el control total que le permitió colocar la lente en los lugares que él eligiera.
“Me apoyé mucho en esa colaboración de la misma forma en que, en teatro, lo he hecho con el escenógrafo Jorge Ballina; para mí, uno de los maestros de teatro más grandes que he tenido y de quien más he aprendido. Y lo mismo me pasó con Octavio, con quien tuve una complicidad increíble donde yo no pretendía implementar un lenguaje que no tenía sino encontrar juntos nuestra manera de entender la película y, además, descubrir cada escena en el set con los actores, con los espacios y con el viaje de la cámara”.
De la mano también de su equipo de edición –conformado por el cineasta Samuel Kishi (Los lobos) y de la editora Perlis López (Tío Yim)– Diego fue encontrando distintos matices que fueron enriqueciendo el mundo de su ópera prima y que ayudaron a reforzar las emociones atravesadas por su protagonista. Fue finalmente el diseño sonoro –a cargo de los sonidistas Miguel Hernández (La cabeza de Joaquín Murrieta) y Mario Martínez Cobos (Transformers: El despertar de las bestias)– el proceso de producción que agudizó el viaje de transformación en el que busca convertirse “Todo el silencio”.
A lo largo de la cinta, la cámara y el sonido buscan convertirse en los ojos y en los oídos de Miriam. Lo que observa y lo que no escucha es captado por la audiencia, en un ejercicio que busca generar empatía y solidaridad con aquellas personas que padecen algún tipo de trastorno auditivo.
En México, de acuerdo una medición del Instituto Nacional de Rehabilitación presentada en 2021, “aproximadamente 2.3 millones de personas padecen discapacidad auditiva, de las cuales, más del 50% son mayores de 60 años y poco más de 34% tienen entre 30 y 59 años y cerca del 2% son niñas y niños”.
Aquí el tráiler y el póster de Todo el silencio, ópera prima del director de teatro @diegoDlRio, escrita por mi @L_Carreras, producida por @innapayan @AnimaldeLuz y Luis Salinas, y protagonizada por @adrillabres y @ludwikapaleta 😍
Es parte de la selección oficial del @FICM 2023 pic.twitter.com/Py6rJwsvCF
— Arturo Magaña Arce (@arturhd) October 6, 2023
Mientras en el mundo, cintas como “CODA” o “Sound of Metal” han retratado a la comunidad sorda –e incluso, han sido galardonadas con importantes premios como el Óscar–, en México, el cine se ha resistido a abordar historias sobre personas no oyentes o que estén diseñadas para ser disfrutadas por ellos. De acuerdo con una investigación realizada por la periodista Amelia Rojas en el IMER, “la visibilidad de personas no oyentes es un tema pendiente en el ámbito audiovisual mexicano. Son escasas las producciones nacionales que la han mostrado, como el documental Música ocular, de José Antonio Cordero –el primero en su tipo en Iberoamérica–, cuyos protagonistas son sordos y está hablada en lengua de señas mexicano”.
A esa casi inexistente lista hoy se suma “Todo el silencio”, una cinta que no solamente gira alrededor de una persona sorda sino que buscó incluir distintos elementos en su producción para que pudiera ser disfrutada por la comunidad de personas no oyentes. Además de incluir subtítulos como parte del corte final presentado a la audiencia, Diego del Río comanda una cinta bilingüe –hablada en español y en LSM– que utiliza la fotografía, el diseño sonoro y la corporalidad de sus personajes para lograr transmitir de la mejor forma el corazón de esta historia.
Eduardo Domínguez, director de la compañía teatral Señal y Verbo –integrada por actores sordos y actores oyentes–, tradujo el guion del español a LSM, verificó los encuadres de la cinta para que ninguna seña quedara fuera del campo visual del espectador y que se mostrara de la forma ideal para transmitir el mensaje de forma óptima. “Yo veo en este colectivo, una cultura fascinante de traducir y entender el mundo, y de nutrir y de regar el jardín de SU mundo de una manera admirable”, afirma Del Río. “La lengua de señas mexicana usa todo el cuerpo para transmitir un mensaje: las manos, los gestos y las distintas resonancias que da el cuerpo en cada una de sus zonas. En el LSM, obviamente hay matices como los hay en la voz. Se parece mucho a la actuación, en ese sentido. Así, la manera en que se muestra o se realiza una seña también informa mucho sobre cómo está el personaje en ese momento durante cada escena”, agregó.
Diagnosticada desde el nacimiento con otosclerosis –una calcificación en el tímpano que va reduciendo su espectro audible gradualmente–, Adriana ve en “Todo el silencio” “una gran oportunidad de contar algo personal, de tener una sensibilidad compartida con Diego y el equipo para llevarla a otro nivel”. Hablante de LSM desde 2012 en un nivel medio –gracias a Tribus, un proyecto teatral dirigido por Del Río–, Llabrés celebra la colaboración que ha tenido con este director, con la que han podido realizar proyectos enormemente significativos para ambos. “Por eso hemos hecho tanto teatro juntos”, afirma con una enorme sonrisa.
“Tenemos en común la meta de querer contar algo que sea importante y poner en el mundo algo que sea relevante. Por eso, esta película tiene tanta fuerza. Todo el silencio ha sido un viaje muy bonito que nos costó varios años de ilusión para poder llegar al rodaje. Fueron muchos años de trabajo para comprender a la comunidad de sordos, para poder plasmarlos de la manera más real y honrarlos con muchísima dignidad y respeto”.
Producida por Inna Payán, María Ayub, Luis Salinas y Adriana Llabrés, Todo el silencio tuvo su estreno mundial en el Festival de cine de Varsovia y forma parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia. La ópera prima de Diego del Río llega al catálogo de Prime Video durante el primer semestre de 2024.


