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Jaguar y puma reaparecen en Sierra de las Minas tras años sin evidencia

Cámaras trampa confirman la presencia de jaguar y puma en la Reserva de Biosfera Sierra de las Minas, Guatemala, tras años sin evidencia científica.

  • Redacción AN / SH
11 Mar, 2026 12:15
Jaguar y puma reaparecen en Sierra de las Minas tras años sin evidencia

Por Andrea Moreno
Fundación Defensores de la Naturaleza

Durante décadas, la presencia del jaguar y el puma en la Reserva de Biosfera Sierra de las Minas –que se extiende por cinco departamentos de Guatemala- fue conocida por quienes viven y trabajan en el bosque. Avistamientos, huellas y relatos locales sostenían la certeza de que estos felinos seguían ahí, aunque sin registros verificables.

Hoy, esa brecha se ha cerrado en uno de los ecosistemas más estratégicos de Guatemala. A través de un programa sistemático de monitoreo biológico con cámaras trampa, la Fundación Defensores de la Naturaleza (FDN) obtuvo registros validados que reafirman la presencia de jaguar (Panthera onca) y puma (Puma concolor) dentro del área protegida.

El monitoreo fue posible en conjunto y gracias al apoyo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF Mesoamérica), mediante el Proyecto Protección de los Hábitats del Jaguar en Guatemala.

Más que confirmar la presencia de estos felinos, el trabajo consistió en dar solidez científica a información que ya existía. Los registros históricos y recientes del jaguar, obtenidos mediante monitoreo biológico, fueron sistematizados y depositados en repositorios de información científica, transformándose en datos de biodiversidad verificables y comparables que hoy sustentan su presencia en la Sierra de las Minas, explica Luis Trujillo, jefe de ciencia para la Fundación Defensores de la Naturaleza.

Los registros fueron validados bajo estándares internacionales, lo que permite su uso para la toma de decisiones para la conservación. El hallazgo es resultado de un proceso que une conocimiento local, ciencia y conservación en un contexto de alta presión ambiental.

Un conocimiento que precede a la evidencia

Antes de que existieran registros científicos formales, el jaguar y el puma ya estaban presentes en la experiencia cotidiana de quienes han caminado por la Sierra de las Minas durante décadas. No como hipótesis, sino como parte de un conocimiento construido a partir de la observación, la memoria y la relación directa con el bosque.

Ese conocimiento fue el punto de partida del monitoreo. Óscar Hernández, guardarrecursos de la Fundación y conocedor del área desde su infancia, fue clave para orientar el trabajo en campo. Su lectura del paisaje, los pasos naturales, las pendientes y los puntos de tránsito de la fauna, permitió definir la ubicación de las cámaras trampa en el corazón de la montaña.

El monitoreo no habría sido posible sin ese conocimiento, asegura Trujillo. Óscar entiende la montaña -en estos paisajes- los animales no siguen senderos humanos: se mueven según el relieve, el agua y la estructura del bosque. Escuchar eso fue fundamental.

El conocimiento local ya estaba ahí. Lo que hicimos fue acompañarlo con herramientas de investigación para que pudiera ser utilizado de manera más efectiva en la orientación de la protección del bosque y compartido para generar la conciencia y la empatía necesarias para su conservación.

Evidencia que cambia el mapa

De acuerdo con información generada por la Fundación Defensores de la Naturaleza, el monitoreo con cámaras trampa permitió documentar numerosos registros independientes de puma, es decir, captados en diferentes lugares y momentos, lo que confirma no solo su presencia, sino su uso activo del área.

En el caso del jaguar, se obtuvieron dos registros independientes, correspondientes a un macho y una hembra, un hallazgo especialmente relevante por la posibilidad de reproducción dentro del paisaje. Además de que el jaguar macho fue captado a casi 2,700 metros sobre el nivel del mar, uno de los registros altitudinales más altos documentados para la especie a lo largo de toda su distribución.

Más allá del conteo de individuos, la presencia recurrente de grandes felinos tiene un significado ecológico profundo. Los grandes felinos no son solo una especie más. Son indicadores. Su presencia sostenida revela un bosque que aún funciona con espacio suficiente, presas disponibles y corredores que permiten el movimiento de la vida silvestre. Cuando aparecen una y otra vez en los registros, el mensaje es claro: el ecosistema sigue vivo.

Un bosque estratégico para el país

La Reserva de Biosfera Sierra de las Minas es el bosque nuboso más grande de Centroamérica. Administrada por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) y coadministrada por la Fundación Defensores de la Naturaleza desde su declaratoria, cuenta con el reconocimiento de la UNESCO dentro del Programa Hombre y la Biosfera, lo que subraya su valor ecológico a escala global.

Además de albergar biodiversidad emblemática, la Reserva cumple un papel clave en la regulación hídrica del país, al ser fuente de ríos que abastecen a más de 500 mil personas. La conservación de sus bosques sostiene servicios ecosistémicos esenciales como el agua y la estabilidad climática del país.

Para Heidy García, directora de Áreas Naturales y Biodiversidad de la Fundación, este hallazgo subraya que, para Guatemala, invertir en la protección de los bosques -especialmente en Áreas Protegidas- es una necesidad nacional. La presencia de grandes felinos nos recuerda que conservar no es solo proteger especies emblemáticas: es sostener ecosistemas funcionales que permiten la vida de muchas otras especies y garantizan agua, estabilidad climática, suelos productivos y bienestar para las comunidades locales aliadas a la conservación.

También es un llamado a fortalecer el respaldo institucional y político en la gestión de las Áreas Protegidas, con mejores condiciones de seguridad y reconocimiento para quienes defienden la naturaleza.

Estos registros en la Reserva no cambian la historia del bosque. Lo que cambia, más bien, es la forma en que el país puede reconocerla y asumir su responsabilidad frente a ella.

Más allá del hallazgo

Para WWF mesoamérica y FDN la reafirmación de jaguares y pumas en un paisaje que conecta cinco departamentos: Alta y Baja Verapaz, Izabal, El Progreso y Zacapa tiene un significado que trasciende lo biológico al recordar que Guatemala aún conserva ecosistemas capaces de sostener vida silvestre emblemática.

El siguiente paso es convertir ese esfuerzo en un monitoreo de largo plazo -de la mano de guardarecursos, técnicos, estudiantes universitarios y el conocimiento local- para tener capacidad de medir la densidad poblacional, la ocupación del hábitat y los efectos de presiones humanas sobre la fauna.

Las comunidades que conviven con la Reserva juegan un papel central. En zonas donde existe una relación de pertenencia y cuidado, la fauna persiste. En áreas más urbanizadas o con conflictos agrarios, la presión aumenta, afirma el jefe de ciencia de la Fundación.

La meta es contar con datos robustos que orienten decisiones y fortalezcan la conservación a escala regional. Hay esperanza, concluye Trujillo. La Sierra de las Minas sigue siendo un espacio único, un santuario natural. Esa esperanza viene acompañada de responsabilidad; entender su salud, protegerla y asegurar que estos felinos sigan teniendo un lugar donde vivir.

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Esta nota es una colaboración entre la Fundación Luis von Ahn y Aristegui Noticias que se fundamenta en valores compartidos en defensa de la libertad de expresión, facilitar la información para la conservación de la naturaleza y el compromiso con ciudadanos informados. Las opiniones expresadas en esta nota son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la postura oficial de la Fundación Luis von Ahn.